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Nuestra arquitectura

Los concejos de Cangas del Narcea, Ibias y Degaña, situados en el espacio montañoso del suroccidente de Asturias, mantienen un rico patrimonio de arquitectura tradicional. Resultan destacables por su valor patrimonial y singularidad el mantenimiento hasta fechas recientes de algunas tipologías de viviendas arcaicas desaparecidas en la mayor parte de los entornos rurales de Europa.

Las pallozas: La casa de planta redonda de cubierta vegetal, y los modelos afines son viviendas terreras de planta con tendencia circular o elíptica y cubierta vegetal. La ordenación interior es laxa,  dividida en dos partes de vivienda y cuadra y se realiza con madera y zarzo sin alcanzar normalmente los techos, con lo que el humo procedente del fuego bajo puede impregnar todas las estructuras.

La disposición en el terreno es en pendiente con el interior ligeramente escalonado en el límite de la corte o cuadra, en una cota inferior.

En la sociedad tradicional no existe el concepto de intimidad individual en el sentido actual y la familia compartía el espacio con los animales. Además, la compartimentación del espacio entre los miembros de la familia era también muy débil, ya que el espacio de descanso o dormir era en buena medida colectivo.

Casas Narcea: Planta longitudinal, desarrollada siempre en pendiente con la crujía en sentido perpendicular a las curvas de nivel. La conformación de la planta presenta un buen número de variantes, pudiendo contar tanto con esquinas o esquinas redondeadas como los extremos totalmente curvos.

La distribución interna está delimitada por el zaguán que separa las dos divisiones partes de la casa, escalonadas en dos niveles, correspondiendo el inferior a la corte (cuadra) y el superior a la zona de habitación.

Esta tipología destaca por su alta representatividad en el concejo de Cangas del Narcea, donde parece haber sido el tipo de vivienda casi exclusivo en todo el concejo hasta las primeras décadas del siglo XIX, además de en menor medida Degaña y algunos puntos de Ibias.

Asociado a estas viviendas aparece una extensa agrupación de hórreos y paneras datados entre el siglo XVI y el primer tercio del XX. La comarca mantiene también un amplio grupo de casonas y palacios rurales realizados en general dentro de las características de la arquitectura tradicional. Los elementos complementarios son enormemente variados e incluyen espacios de uso colectivo como las fuentes o emparrados, construcciones de uso ganadero y agrario como cabañas y molinos, y estructuras especializadas como las trampas de lobos y los hornos de cerámica negra.

Resta además llamar la atención sobre la potencialidad de dos elementos en gran parte olvidados: por una parte, la presencia de una de las mayores concentraciones de iglesias románicas rurales del norte peninsular, asociadas a espacios comunes de excepcional calidad como son los campos de iglesia, cargados de gran significación para la comunidad local. En segundo lugar, la conservación de un numeroso grupo de puentes de periodo medieval y moderno que abarcan variadas tipologías, dispersos en los números cursos de agua de los tres concejos.